Redonda. Tregua estelar a 21 tantos
Puesta en escena escrita y dirigida por Daniel Rivera Rubio, e interpretada por Jorge Baldere, Lino Botello, Mundo Espinoza y Richard. Es una producción por parte de Bocamina Teatral.
La obra se desarrolla en los momentos previos a un partido informal de frontón, en donde los cuatro jugadores implicados se desenvolverán al prepararse para el juego, y este acto le brindará al espectador el conocimiento más intrínseco que guardan cada uno de ellos.
Este proyecto habla sobre las masculinidades en diferentes ámbitos y contextos, dando a conocer que aquel ser humano que se muestra en la actualidad, tiene una historia (no siempre agradable) que lo ha ido formando.
Es interesante analizar el hecho de que hoy en día estos se han vuelto temas recurrentes, a lo que se podría abrir el cuestionamiento de por qué son tan necesarios ahora; y muy posiblemente una de las tantas respuestas sea todo el pasado que se viene cargando socialmente desde hace generaciones, en donde se reprimían deseos, sueños y maneras distintas de ver la vida (como la idea de ser "feroz", la sombra de los padres, el razonamiento que busca otras explicaciones, o la necesidad de remediar situaciones ajenas; como va sucediendo en la obra).
En cuanto a los actores, existe una complicidad interesante entre la mayoría, a excepción de "Nino" pero esto se puede entender por la presión que recae en dicho personaje. No se le considera lo suficientemente "bueno" porque existe la comparación con su difunto padre, y las interacciones que tienen los demás con él, denotan la lejanía y desconexión en la que "Nino" ha vivido desde dicho fallecimiento.
En cuanto a los otros tres, hay un juego muy ameno pero que posee constantemente la burla hacia la homosexualidad masculina. Es curioso que, pese al cambio de paradigmas que se ha tenido en nuestra época, siga siendo una idea de vergüenza y por lo tanto, señalable como algo reprochable. Aunque también, el mismo montaje da unos cuantos atisbos de que esa homosexualidad sí radica genuinamente en algunos personajes (de forma directa con aquel que gustaba de los números, y de una forma más escondida con el apodado "Tigre").
La hombría es medida por las habillidades en el juego (las cuales se dan a conocer al espectador a través de anécdotas pasadas), haciendo parecer que quien no puede seguir el paso, es débil o carente de valor.
La escenografía marca un cuadro a nivel de piso, y una pared con graffiti donde resalta la imagen de Quetzalcóatl y la palabra RESISTENCIA, mostrando de manera sencilla pero clara el campo de frontón, este campo de batalla donde justamente se definirá quién de ellos ha resistido y resistirá, no sólo el juego, sino la vida. La imagen de Quetzalcóatl al fondo genera cercanía al ser un potente símbolo de la identidad mexicana en cuanto a nuestras raíces, en la época prehispánica.
Los juegos con la iluminación se mezclan de manera envolvente con la escena, principalmente cuando se están contando las anécdotas pasadas; y la interacción final con el público para dar comienzo al partido, el cual nunca se verá, es una forma astuta de concluír la puesta; porque no importa quién gane o cómo lo hagan, sino que se han lanzado al juego sin sus ataduras.
En general, los temas se van exponiendo de una manera dinámica sin dejar a un lado el potente peso que maneja su discurso; a lo cual demuestra que sigue siendo vigente hablar de lo que nos pasa dentro de nosotros.
Xenia Carbajal
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